Como trabajar en la construcción y no morir en el intento

Pese a que mi afición y uno de los ciclos formativos que estudié fue la informática, las casualidades de la vida hicieron que mi otra opción formativa y actual fuente de ingresos sea la electricidad.

Trabajar como electricista en la construcción es algo bastante estresante. Todos los trabajadores necesitan de la electricidad ya sea para poner en funcionamiento sus máquinas o para tener luz en las zonas donde se cambian de ropa y donde comen (muchos no comen en el restaurante); por lo tanto los electricistas debemos proporcionarles luz a todos, instalar la electricidad en los nuevos edificios y reparar todas las chapuzas que hay en las instalaciones temporales de la obra.

En principio esto no parece ningún problema, visto desde fuera, pero desde nuestro punto de vista resulta muy complicado. Somos de los primeros en llegar a una nueva construcción, estamos durante toda su realización y nos vamos los últimos para seguir volviendo después de entregarse al cliente mientras queden averías que reparar.

Esta semana… vaya semanita…
ha llovido bastante y el agua no debe de llevarse muy bien con la electricidad porque en esos días de lluvia todos se quedan sin luz, y es entonces cuando empieza a escucharse la terrible palabra “¡CHISPA! ¡CHISPA! ¡La luz!”. ¿Quién inventaría esa palabra? La verdad es que no importa ya que sino existiese se inventarían otra y la desgastarían de igual forma.
Así pues nos toca salir y buscar la avería mientras la lluvia cae a mares, hasta que localizamos el problema… que curiosidades de la vida, suele ser a causa de alguna manguera que está ligeramente cortada con lo cual se produce un corto y…. al grano, la cuestión es que tras eliminar esa manguera siempre nos llega su dueño que se niega a admitir que está rota, con lo que comienza una fuerte discusión bajo la imparable lluvia.

Esta semana, además hemos estado varios días trabajando en una misma vivienda junto con otros 3 o 4 gremios de la construcción a la vez: alicatadores, fontaneros, yesistas, los de la solera, albañiles, etc, además de los encargados, jefes y demás. Por si eso no fuese poco, parece que siempre seamos nosotros los que estorbamos y que los demás son los únicos con derecho a decidir.

Otra cosa que me saca de quicio en la construcción es cuando a algún trabajador no le funciona la máquinay sueltan la increíble frase de “Arréglame esto ya porque necesito trabajar”, o cuando estamos donde se quieren poner a trabajar y entonces dicen “Teneís que iros de aquí porque no tengo corte y así no puedo trabajar…”
¿Qué pasa? ¿Acaso nosotros no necesitamos trabajar también? ¿Acaso no necesitamos un espacio donde trabajar?

Y a mayores encontramos a los trabajadores a destajo que van justo detrás nuestro, estos se valen de una frase parecida a las anteriores, “Chispa, avanza más rápido que yo voy a destajo”
A lo que respondo “Yo no voy a destajo. ¿Acaso vas a darme parte del dinero que ganes? ¿no? pues déjame trabajar tranquilo”. Respuesta que termina provocando la ira del otro currito, y lo siento, siento cabrearme y responder así, pero es que me están estresando y la construcción le cambia a uno, y mucho.

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