Hitomaru. Capítulo 6 – Comienza el viaje

Continuando la historia de Hitomaru aquí traigo el sexto capítulo.

Podéis leer los anteriores en este enlace.


Al igual que el resto de la historia, este capítulo está bajo una licencia de Creative Commons.

Capítulo 6: Comienza el viaje

Ninguno de los tres demonios mostraban ninguna intención de partir. Al parecer, aún quedaba algo que hacer allí.

– ¿Qué sucede? ¿Por qué no avanzamos?
– Hay algo que debemos comprobar antes de partir – dijo Shissuss, mientras señalaba el yunque -. Tienes que golpear el yunque con un martillo.
– ¿Golpear el yunque con un martillo? ¿Qué vais a comprobar con eso?
– El hecho de que seas realmente el hijo de Kálzar. Si así es, el yunque reaccionará.

Lo que decía Shissuss no tenía mucho sentido, pero a Hitomaru no le quedaba más remedio si quería comenzar su viaje, así que buscó un martillo entre las cosas de su mochila pensando en que debería volver para cogerlo de casa, pero finalmente y para su sorpresa dio con uno, como si sus padres ya supiesen de antemano lo que debía hacer y esto no hacía sino inquietar aún más a Hitomaru. No era demasiado grande, ni siquiera era un martillo para trabajar la herrería pero era un martillo al fin y al cabo. Hitomaru se acercó al yunque, lo observó y tras pensárselo durante unos segundos golpeó.

Un sonido seco, eso fue todo lo que sucedió hasta que, de pronto, el yunque empezó a temblar. Hitomaru se disponía a apartarse, pero tropezó y cayó sobre su espalda. Justo en ese instante el yunque empezó a ser rodeado por un aura de tonos oscuros mientras temblaba más y más fuerte hasta que finalmente el yunque empezó a descomponerse dentro de ese mismo aura como si lo estuviese devorando. Cuando el yunque finalmente acabó consumiendose el aura oscuro salió dispara al cielo para volver a caer justo sobre el martillo que había usado Hitomaru sobre el yunque. El símbolo que tenían tanto el yunque como su hombro empezó a surgir en la cabeza del pequeño martillo. Shissuss se mostraba satisfecho, su viaje no había sido en vano.

Shissuss y los otros dos demonios comenzaron a caminar, hasta que Hitomaru les gritó que parasen, buscaba respuestas, quería saber que había sucedido, pero la solución a sus preguntas tendría que esperar pues los demonios insistían en comenzar el viaje para llegar cuanto antes a su destino.

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Kuso volvía a la aldea con la esperanza de poder mantener el secreto y preocupado por su amigo. Tan ensimismado en sus pensamientos estaba, que no fue capaz de notar la presencia de Rose, que se fue acercando lentamente a él.

– ¡KUSO!

El grito fue tan fuerte y repentino que provocó un enorme susto a Kuso, de tal calibre que este cayó al suelo sintiendo como si su corazón fuese a salírsele del pecho. Kuso giró la cabeza para ver a Rose antes de acabar inconsciente en el frío suelo. La marcha de Hitomaru, los demonios y ahora el grito de Rose, eran demasiadas emociones para alguien tan paranoico como él.

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Acababan de dejar atrás el último de los campos de cultivo de la aldea, cuando los cuatro viajeros detuvieron su paso. Shissuss señaló una especie de cueva entre los árboles próximos hacia la que se dirigieron. La entrada de la cueva se mostraba amenazante dando la apariencia de una temible boca, donde las piedras de su base daban la apariencia de grandes colmillos y los árboles de su alrededor parecían enormes brazos dispuestos a empujar al intruso hacia el estómago de la ilusoria criatura. Gracias a estas extrañas formas a esa cueva se la conocía como “la Boca del Diablo”, en toda la región. Ya dentro de la cueva, los cuatro siguieron avanzando hasta llegar a una enorme caverna a la que se conocía como “el Estomago del Diablo”, siguiendo la misma denominación que la entrada. Esta caverna tenía un gran tamaño, el agua corría por la cavidad como si fuesen pequeños ríos uniéndose en un lago en el mismo centro de la cueva, el techo por su parte mostraba enormes estalactitas que se alargaban enormemente, algunas hasta el punto de unirse con sus hermanas estalagmitas para formar grandes pilares tan tétricos como hermosos.

Justo en el centro de la cueva, al borde del pequeño lago, Shissuss se detuvo. – Bien, aquí podremos descansar un poco y de paso responderte a algunas de tus preguntas.

Hitomaru se sentía ligeramente esperanzado, no sabía por donde empezar a preguntar, pero no le hizo falta decidirse pues el demonio lagartija, que respondía al nombre de Reptus, había empezado a hablar.

– Como ya te dijimos, la prueba de antes fue para comprobar si eras legítimo hijo de Kálzar, y nieto de nuestro señor. El yunque ha demostrado que así es, ya que se ha unido al martillo con el que le golpeaste.
– ¿Qué hubiese sucedido si no fuese hijo de Kálzar?
– En ese caso, el aura oscura del yunque te habría atravesado el corazón. Era una medida de seguridad.

Hitomaru se quedó perplejo y con un comprensible cabreo le gritó – ¡¿Medida de seguridad?! ¿Pero en qué demonios estais pensando?

– Eso no importa ahora – le interrumpió Shissuss.
– Está bien, eso ya no es importante, pero quiero que me respondas a algo Reptus.
– Tú dirás.
– ¿Por qué ese aura oscura se unió a mi martillo?

La respuesta no se hizo esperar, más bien era algo que Reptus esperaba contarle cuanto antes. Según su explicación, cuando el yunque fue consumido por ese aura oscura, su poder se concentraba en esta y al unirse el aura con el martillo este último adquiría todos los poderes del demoniaco yunque, los cuales permitían entre otras habilidades forjar prácticamente cualquier arma sin necesidad de un soporte donde golpear, claro está tras un entrenamiento previo y a eso era a donde quería llegar Shissuss. Shissuss al igual que Huro, era un forjador de armas y le aseguró a Hitomaru que le instruiría sobre el uso del martillo durante su viaje. Pero ya se hacía tarde, era mejor empezar a descansar para continuar el viaje más tarde.

—————————

Una extraña niebla rodea toda mi visión, un momento, no… no es niebla… esto es… es humo, es ¡FUEGO!, todas las casas están ardiendo, Aquirón esta en llamas. Las llamas empiezan a rodearme, no puedo ver nada más que fuego… Un momento, eso es un camino entre el fuego. Cruzó rápidamente el camino rodeado de las temibles llamas, un momento… no puedo irme así, ¿y si mis amigos están todabía allí? Me giro, y allí están. Son Hitomaru y los otros tres… son los demonios que le acompañan. No hay de que preocuparse, me dijo, pero yo no le creo, temo por él. Empiezo a correr hacía allí pero las llamas me cierran el paso, no puedo seguir, los demonios se le llevan… ¡No te vayas con los demonios! ¡Hitomaru! ¡No te vayas con ellos!

– ¡No te vayas con los demonios, Hitomaru!

Solo era una pesadilla, pensó Kuso aliviado, pero poco le duró cuando al levantar la mirada se vió rodeado de todos sus amigos. ¿Lo habrían oido? pensó. Kuso esperaba con todas sus fuerzas que todo se hubiese quedado en el sueño, que no hubiese dicho nada sobre Hitomaru y los demonios, pero las caras de los demás le decían lo contrario, le decían que había abierto su bocaza demasiado, pero no quería arriesgarse.

– Va… vaya, ¿como todos por aquí? Jajajaja… – su risa terminó siendo un vano intento por desviar la atención a su anterior frase
– ¿Qué has querido decir con Hitomaru y los demonios? – preguntó Satoshi
– ¿Hitomaru? ¿Demonios? No se a que te refieres…
– Lo que dijiste hace un momento
– Aahh, eso. Solo era una pesadillla, naa… nada importante.

Rose se avalanzó delante suyo – ¿Seguro qué no era nada importante, Kuso? – su cara era demasiado alegre, una expresión a la que Kuso tenía mucho miedo, ya que significaba que Rose iba a presionarle a torturarle mentalmente hasta que soltase toda la verdad. Rose podía ser muy protectora con Kuso, pero fuese sincero con ella. Con la siguiente pregunta Rose cambiaría su expresión para ser más agresiva como si de un interrogador especializado se tratase.

– Por supuesto, no es nada importante, Rose.

Y por fín sucedió, la expresión de Rose cambió mostrando una gran sonrisa a la par que una mirada terrible con la que parecía que le atravesase el cuerpo, y comenzó a preguntarle, primero despació y según pasaba el tiempo de forma más acelerada y abusiva. Kuso intentó futilmente desviar la conversación, huir, acallar las preguntas y tantas otras cosas como se le ocurrían para evitar decir la verdad, pero finalmente no pudo más y se rindió a lo evidente confesando toda la verdad, a la vez que pedía perdon a todos incluido a Hitomaru.

La historia no tenía sentido, pero los interrogatorios de Rose siempre daban resultado sobre Kuso, así que debía ser cierta. No podían creer que Hitomaru se fuese con unos demonios, y considerando que era demasiado peligroso para él decidieron que debían acompañarle, al menos algunos de ellos, así que comenzaron a organizarse.

Tras pensarlo detenidamente llegaron a la conclusión de que los más adecuados para perseguirle erán Bell, la que más posibilidades tenía de traerle de vuelta, Kuso, que se sentía en la obligación de pedirle perdón y que era el más fuerte, y Roger que como autoproclamado lider se sentía en el deber de velar por la seguridad de sus compañeros y de paso mantener su orgullo en un pedestal. Los demás debían hacer lo posible para que sus padres no se preocupasen demasiado al menos durante unos días. Cogieron unos sargos, una especie de lobo amaestrado de gran tamaño, para montar y poder ir más rápido, unos cuantos alimentos y bebida para el camino y armas para protegerse.

Así pues los tres comenzaron su viaje en busca de Hitomaru.

—————————

Tras un pequeño descanso, Hitomaru y sus acompañantes se preparaban para seguir su camino. Sin embargo, cuando estaban terminando los preparativos alguien empezó a acercarse. Los pasos eran fuertes el sonido atronador y tras unos segundos de espera apareció el causante, era un ogro. Cargado con un gran mazo, el ogro se avalanzó hacia Hitomaru como una bestia hambrienta y no era para menos pues ahora él se había convertido en su presa, en su próxima comida.

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