Hitomaru. Capítulo 7 – El ogro

Continuando la historia de Hitomaru un día más, en esta ocasión con el séptimo episodio.

Podéis leer los anteriores en este enlace.


Al igual que el resto de la historia, este capítulo está bajo una licencia de Creative Commons.

Capítulo 7: El ogro

La criatura avanzaba hacia su presa. De unos cuatro metros de altura y cargado con un gran mazo de madera e hierro, la enorme criatura tenía un aspecto amenazador. Su piel carcomida, por el tiempo y la falta de higiene, estaba llena de cicatrices y heridas de diversos tamaños, mientras de su cabeza crecía una larga melena de cabellos oscuros enredados entre sí y llenos de mugre y suciedad. Su cuerpo apenas estaba cubierto por un taparrabos y un pequeño chaleco cuya tela bien podría haber sido antaño la piel de otras tantas de sus víctimas. Sus pies descalzos eran desproporcionalmente grandes y se notaba la falta de algún dedo, seguramente perdido durante una pugna contra otros de su especie. El enorme mazo cuya cabeza estaba ya muy deteriorada, mostraba sin embargo un mango bastante nuevo en su comparación, seguramente sustituido tras romperse el anterior.
El ogro se mostraba hambriento y su presencia hacía temblar toda la cavidad de la cueva.

La gigantesca criatura lanzó su ataque contra sus presas y golpeó con el martillo, pero el ataque de nada le sirvió ya que los rápidos reflejos de su comida les alejaban del peligro. Shissuss había agarrado a Hitomaru antes de esquivar el ataque, pero no parecía interesado en derrotar al ogro aún.

– Usa el martillo – le dijo Shissuss

¿El martillo? ¿A que se refería?, los pensamientos de Hitomaru no encontraban lógica ninguna. El mazo del ogro mediría por lo menos tres metros y el suyo apenas servía para clavar puntas en una tabla de madera, por no hablar de la diferencia de fuerza entre ellos. Hitomaru ignoró a Shissuss e intentó huir del ogro tan buenamente como pudo.

Verle correr era lo que Shissuss menos deseaba, era una vergüenza para su familia, pero al fin y al cabo aún no sabía nada sobre los nuevos poderes de ese martillo. Así pues Shissuss le pidió a sus compañeros que entretuvieran al ogro mientras él se encargaba de Hitomaru.

– ¡Hitomaru! – gritó el demonio – No puedes seguir huyendo, debes combatir y ese martillo es tu mejor arma si aprendes a utilizarlo.
– Es imposible – respondió Hitomaru mientras el miedo a ser devorado le hacía seguir corriendo -, su mazo es diez veces mayor que este ridículo martillo, con la espada tendría más posibilidades, y aún así seguirían siendo ninguna.
– Debes golpear el martillo contra un objeto metálico, como tu escudo.
– ¿Pretendes que llame su atención para que me coma a mí?
– ¡Tú hazlo! – Shissuss se mostraba amenazador, más incluso que el ogro.

Hitomaru se giró y sin ninguna esperanza se dispuso a golpear su escudo con el martillo, cuando de pronto, el ogro lanzó una piedra hacía los demonios que tras esquivarla la pusieron sin quererlo en la trayectoria de Hitomaru. La piedra cayó a pocos metros de él, lo justo para no herirle pero lo suficiente para desarmarle y tirarle al suelo, con el correspondiente sonido que provocaron tanto el escudo como el martillo al chocar con la piedra. El ogro le vio y tras un certero golpe apartó a los dos demonios que le cortaban el paso para lanzarse a por su primera presa de la noche.

La alegría del ogro no duró mucho, Shissuss detuvo su ataque con una facilidad asombrosa justo antes de que agarrase a su protegido. Las manos de Shissuss mantenían al ogro aprisionado bajo una fuerte y poderosa llave, mientras apuntaba a su cuello. El ogro paralizado por tan fortuito ataque intentaba soltarse sin éxito.

– Hitomaru – dijo Shissuss -, coge el martillo y el escudo y prepárate para golpearlos cuando te lo ordene.
– S… si… – respondió, aún aturdido por el golpe y sorprendido por la fuerza de su compañero de viaje

Hitomaru agarró las herramientas y se colocó frente al ogro. En ese momento Shissuss soltó al monstruo que se dispuso a recuperar su mazo.

– Preparate – le advirtió Shissuss – golpea justo cuando alce su mazo, y ¡no falles!

Hitomaru se mostraba decidido a no fallar, la fuerza y habilidad de Shissuss le habían convencido de que debía confiar en él. El ogro agarró su mazo, se dispuso a alzarlo, pero en ese instante una extraña linea surcó su brazo.

La sangre empezó a saltar por todos lados mientras el brazo del ogro caía junto con su arma. La bestia se echó su mano al gigantesco y limpio corte que acababa de recibir, mientras se giraba en busca de su atacante, solo para encontrarse con que una especie de cuchillo se había clavado debajo de su barbilla. A continuación una cadena que estaba unida al cuchillo se tensó hasta que logró tirar del mismo para atravesar así la cabeza del ogro. El ogro cayó al suelo ausente ya de todo signo de vida.

Shissuss se mostraba preocupado, ¿quién era el causante de esto? y lo más importante que se cuestionaba era el porqué no había percibido antes su presencia. Tras buscar por toda la caverna finalmente le encontró. Era una figura del tamaño y proporciones de un humano, cubierto hasta los ojos con una ropa similar a la de los que atacaron la casa de Hitomaru.

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El ogro cayó, la misión había sido completada. Como siempre el resultado era un éxito para el habilidoso Hanzo, uno de los mejores asesinos de la Sociedad de la Luna. Sin embargo, el individuo que había tumbado al ogro hacía un momento parecía extremadamente fuerte, demasiado para ser un humano normal, Hanzo no tenía dudas al respecto, se trataba de un demonio.

– Uno, dos, tres – contaba Hanzo -. Tres demonios y… ¿un chico humano? Un momento.

Hanzo había visto la cara del muchacho antes, fue durante la entrega de misiones por parte del consejo. En aquella ocasión, Hanzo se había adelantado para poder observar los objetivos de sus compañeros, y la cara del muchacho aparecía como uno de los objetivos a eliminar. Su verdugo debería haber sido Del-Krin, pero seguramente la aparición de demonios le hizo abandonarla. – Cobarde – pensó Hanzo, ya que a él no le asustaba tener que enfrentarse a unos demonios, es más, si lograba derrotarles podría ascender rápidamente en la organización.

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La Sociedad de la Luna. No cabía duda de que ese personaje debía de ser un miembro de la organización de asesinos. Shissuss estaba ligeramente aliviado, el humano no debería tener posibilidades contra ellos, pero el hecho de que les encontrasen tan rápido podría ser un inconveniente. Shissuss sabía que lo más seguro era que ese asesino persiguiese al ogro, pero ¿y si no fuese así?

En ese momento el asesino alzó su brazo y lanzó su arma sobre la caverna formando una especie de hoz. Shissuss no podía creerlo, intentaba sepultarles vivos cortando las estalactitas sobre ellos. No había tiempo que perder, agarró a Hitomaru y junto con los otros dos demonios corrieron hacia el lago mientras las columnas de piedra caían tras ellos. Sin perder tiempo, el tercer demonio, Balsar, pronunció una frase en una extraña lengua apuntando con sus manos al centro del lago, del que no tardo en surgir una superficie plana similar a una barca, pero de piedra. Los tres demonios se lanzaron sobre la roca, cuando varias figuras aparecieron por la entrada de la cueva.

– ¡No es posible! – la sorpresa de Hitomaru era mayúscula

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