Hitomaru. Capítulo 8 – Salida del Estómago

Y continuamos con la historia.

Podéis leer los anteriores en este enlace.


Al igual que el resto de la historia, este capítulo está bajo una licencia de Creative Commons.

Capítulo 8: Salida del Estómago

Los sargos avanzaban veloces atravesando los campos, junto a sus jóvenes jinetes. Gracias a su gran olfato podían seguir cualquier rastro y eso era lo que hacían seguir el rastro de Hitomaru.

En la lejanía se alcanzaba a ver el final de los campos de los que se encargaba la aldea, y después los bosques. Los sargos no tardaron en frenar su avance hasta detenerse frente a la conocida como “la Boca del Diablo”, una gruta de aspecto amenazador que era conocida en toda la región. Sin embargo había algo extraño, la tierra de los alrededores parecía machacada hacía poco, como si un gigante hubiese atravesado la zona y acabase entrando en la cueva. De repente oyeron un golpe que procedía de la gruta.

– ¿Habéis oído eso? – Kuso se mostraba bastante asustado – Creo que deberíamos alejarnos cuanto antes…
– Que raro que tengas miedo – afirmó Roger -, pero no tienes de que temer para eso estoy yo aquí, para encargarme de vuestra protección como vuestro líder que soy.
– Si tantas ganas tienes ¿por qué no entras tú primero? – le increpó Bell

Roger cambió su cara pensando en como responder sin parecer un cobarde, pero Bell se adelantó.

– Lo mejor será que entremos todos a la vez.
– Pe… pero y ¿s…si hay algo ahí?
– Si hay algo ahí, Hitomaru podría estar en peligro, porque el rastro ha llevado a los sargos hasta aquí.

Tras aceptar sus argumentos entraron, Roger el primero para intentar mantener su liderazgo y que nadie viese su cara de miedo, y tras él Bell y Kuso, que era vigilado por su compañera para evitar que saliese huyendo por el miedo.

Los golpes se sucedían uno tras otro, más fuertes según se acercaban, hasta que dejaron de oir nada a pocos metros de la caverna conocida como “el Estómago del Diablo”. Parecía que lo que fuese que estuviese ocurriendo dentro había terminado, pero en ese instante se empezó a escuchar un gran estruendo como si la cueva se estuviese hundiendo sobre si misma. Los tres aceleraron su avance hasta llegar al Estómago. No podían creer lo que veían sus ojos. Decenas de estalactitas caían al suelo como persiguiendo a otros cuatro personajes, y uno de ellos era Hitomaru.

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Hitomaru no se lo creía, tres de sus amigos estaban a la entrada de la caverna montados sobre unos sargos. Ya sobre la balsa de piedra, Balsar creó un escudo mágico sobre ellos para frenar y pulverizar las piedras que caían.

– ¡Bell! – gritó Hitomaru
– Debemos marcharnos ya – insistió Shissuss, mientras preparaba un conjuro
– No nos iremos sin ellos – Hitomaru señaló a sus amigos -, si tú no les vas a ayudar, lo haré yo.

Hitomaru se dispuso a saltar de la balsa, pero Shissuss le agarró antes de que lo lograse. No sabía que hacer, Hitomaru estaba dispuesto a volver a intentarlo, así que Shissuss decidió llevarles con ellos. Shissuss ordenó a Reptus que les trajese mientras él se encargaba del asesino. Rápidamente Reptus alcanzó a los tres compañeros y les agarró mientras volvía a la balsa. Mientras tanto Shissuss comenzó a atacar al asesino alejando su mirada de Hitomaru; golpe tras golpe todos los ataques eran esquivados por el demonio aunque también sucedía lo mismo con el cazador que seguía lanzando rocas sobre el escudo de sus presas. Reptus alcanzó finalmente la balsa y los sargos le siguieron después. Cuando se aseguró de que estaban todos a salvo Shissuss dio un fuerte golpe al asesino con el que le lanzó contra la pared, y aprovechándolo volvió a la balsa mientras recitaba un conjuro. Al terminarle y ya dentro del escudo de Balsar una burbuja les cubrió a todos y la balsa se hundió en el lago.

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El golpe había sido brutal, y Hanzo perdió toda posibilidad de contraatacar. Sin poder hacer nada vio como su nuevo objetivo se hundía en el lago de la gruta, había logrado escapar. Hanzo bajó al suelo, arrancó una parte del cuerpo del ogro, suficiente para poder confirmar su éxito en la organización, y se marchó.

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