2. Capítulos 6 – 8

Título: Hitomaru
Autor: Jester_agr (Alejandro)


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

INDICE

Leer el Prólogo

Capítulos 1 – 5

Capítulo 6 – Comienza el viaje

Capítulo 7 – El ogro

Capítulo 8 – Salida del Estómago

CAPÍTULO 6: COMIENZA EL VIAJE

Ninguno de los tres demonios mostraban ninguna intención de partir. Al parecer, aún quedaba algo que hacer allí.

– ¿Qué sucede? ¿Por qué no avanzamos?
– Hay algo que debemos comprobar antes de partir – dijo Shissuss, mientras señalaba el yunque -. Tienes que golpear el yunque con un martillo.
– ¿Golpear el yunque con un martillo? ¿Qué vais a comprobar con eso?
– El hecho de que seas realmente el hijo de Kálzar. Si así es, el yunque reaccionará.

Lo que decía Shissuss no tenía mucho sentido, pero a Hitomaru no le quedaba más remedio si quería comenzar su viaje, así que buscó un martillo entre las cosas de su mochila pensando en que debería volver para cogerlo de casa, pero finalmente y para su sorpresa dio con uno, como si sus padres ya supiesen de antemano lo que debía hacer y esto no hacía sino inquietar aún más a Hitomaru. No era demasiado grande, ni siquiera era un martillo para trabajar la herrería pero era un martillo al fin y al cabo. Hitomaru se acercó al yunque, lo observó y tras pensárselo durante unos segundos golpeó.

Un sonido seco, eso fue todo lo que sucedió hasta que, de pronto, el yunque empezó a temblar. Hitomaru se disponía a apartarse, pero tropezó y cayó sobre su espalda. Justo en ese instante el yunque empezó a ser rodeado por un aura de tonos oscuros mientras temblaba más y más fuerte hasta que finalmente el yunque empezó a descomponerse dentro de ese mismo aura como si lo estuviese devorando. Cuando el yunque finalmente acabó consumiéndose el aura oscuro salió dispara al cielo para volver a caer justo sobre el martillo que había usado Hitomaru sobre el yunque. El símbolo que tenían tanto el yunque como su hombro empezó a surgir en la cabeza del pequeño martillo. Shissuss se mostraba satisfecho, su viaje no había sido en vano.

Shissuss y los otros dos demonios comenzaron a caminar, hasta que Hitomaru les gritó que parasen, buscaba respuestas, quería saber que había sucedido, pero la solución a sus preguntas tendría que esperar pues los demonios insistían en comenzar el viaje para llegar cuanto antes a su destino.

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Kuso volvía a la aldea con la esperanza de poder mantener el secreto y preocupado por su amigo. Tan ensimismado en sus pensamientos estaba, que no fue capaz de notar la presencia de Rose, que se fue acercando lentamente a él.

– ¡KUSO!

El grito fue tan fuerte y repentino que provocó un enorme susto a Kuso, de tal calibre que este cayó al suelo sintiendo como si su corazón fuese a salírsele del pecho. Kuso giró la cabeza para ver a Rose antes de acabar inconsciente en el frío suelo. La marcha de Hitomaru, los demonios y ahora el grito de Rose, eran demasiadas emociones para alguien tan paranoico como él.

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Acababan de dejar atrás el último de los campos de cultivo de la aldea, cuando los cuatro viajeros detuvieron su paso. Shissuss señaló una especie de cueva entre los árboles próximos hacia la que se dirigieron. La entrada de la cueva se mostraba amenazante dando la apariencia de una temible boca, donde las piedras de su base daban la apariencia de grandes colmillos y los árboles de su alrededor parecían enormes brazos dispuestos a empujar al intruso hacia el estómago de la ilusoria criatura. Gracias a estas extrañas formas a esa cueva se la conocía como “la Boca del Diablo”, en toda la región. Ya dentro de la cueva, los cuatro siguieron avanzando hasta llegar a una enorme caverna a la que se conocía como “el Estomago del Diablo”, siguiendo la misma denominación que la entrada. Esta caverna tenía un gran tamaño, el agua corría por la cavidad como si fuesen pequeños ríos uniéndose en un lago en el mismo centro de la cueva, el techo por su parte mostraba enormes estalactitas que se alargaban enormemente, algunas hasta el punto de unirse con sus hermanas estalagmitas para formar grandes pilares tan tétricos como hermosos.

Justo en el centro de la cueva, al borde del pequeño lago, Shissuss se detuvo. – Bien, aquí podremos descansar un poco y de paso responderte a algunas de tus preguntas.

Hitomaru se sentía ligeramente esperanzado, no sabía por donde empezar a preguntar, pero no le hizo falta decidirse pues el demonio lagartija, que respondía al nombre de Reptus, había empezado a hablar.

– Como ya te dijimos, la prueba de antes fue para comprobar si eras legítimo hijo de Kálzar, y nieto de nuestro señor. El yunque ha demostrado que así es, ya que se ha unido al martillo con el que le golpeaste.
– ¿Qué hubiese sucedido si no fuese hijo de Kálzar?
– En ese caso, el aura oscura del yunque te habría atravesado el corazón. Era una medida de seguridad.

Hitomaru se quedó perplejo y con un comprensible cabreo le gritó – ¡¿Medida de seguridad?! ¿Pero en qué demonios estais pensando?

– Eso no importa ahora – le interrumpió Shissuss.
– Está bien, eso ya no es importante, pero quiero que me respondas a algo Reptus.
– Tú dirás.
– ¿Por qué ese aura oscura se unió a mi martillo?

La respuesta no se hizo esperar, más bien era algo que Reptus esperaba contarle cuanto antes. Según su explicación, cuando el yunque fue consumido por ese aura oscura, su poder se concentraba en esta y al unirse el aura con el martillo este último adquiría todos los poderes del demoniaco yunque, los cuales permitían entre otras habilidades forjar prácticamente cualquier arma sin necesidad de un soporte donde golpear, claro está tras un entrenamiento previo y a eso era a donde quería llegar Shissuss. Shissuss al igual que Huro, era un forjador de armas y le aseguró a Hitomaru que le instruiría sobre el uso del martillo durante su viaje. Pero ya se hacía tarde, era mejor empezar a descansar para continuar el viaje más tarde.

—————————

Una extraña niebla rodea toda mi visión, un momento, no… no es niebla… esto es… es humo, es ¡FUEGO!, todas las casas están ardiendo, Aquirón esta en llamas. Las llamas empiezan a rodearme, no puedo ver nada más que fuego… Un momento, eso es un camino entre el fuego. Cruzó rápidamente el camino rodeado de las temibles llamas, un momento… no puedo irme así, ¿y si mis amigos están todabía allí? Me giro, y allí están. Son Hitomaru y los otros tres… son los demonios que le acompañan. No hay de que preocuparse, me dijo, pero yo no le creo, temo por él. Empiezo a correr hacía allí pero las llamas me cierran el paso, no puedo seguir, los demonios se le llevan… ¡No te vayas con los demonios! ¡Hitomaru! ¡No te vayas con ellos!

– ¡No te vayas con los demonios, Hitomaru!

Solo era una pesadilla, pensó Kuso aliviado, pero poco le duró cuando al levantar la mirada se vió rodeado de todos sus amigos. ¿Lo habrían oido? pensó. Kuso esperaba con todas sus fuerzas que todo se hubiese quedado en el sueño, que no hubiese dicho nada sobre Hitomaru y los demonios, pero las caras de los demás le decían lo contrario, le decían que había abierto su bocaza demasiado, pero no quería arriesgarse.

– Va… vaya, ¿como todos por aquí? Jajajaja… – su risa terminó siendo un vano intento por desviar la atención a su anterior frase
– ¿Qué has querido decir con Hitomaru y los demonios? – preguntó Satoshi
– ¿Hitomaru? ¿Demonios? No se a que te refieres…
– Lo que dijiste hace un momento
– Aahh, eso. Solo era una pesadillla, naa… nada importante.

Rose se avalanzó delante suyo – ¿Seguro qué no era nada importante, Kuso? – su cara era demasiado alegre, una expresión a la que Kuso tenía mucho miedo, ya que significaba que Rose iba a presionarle a torturarle mentalmente hasta que soltase toda la verdad. Rose podía ser muy protectora con Kuso, pero fuese sincero con ella. Con la siguiente pregunta Rose cambiaría su expresión para ser más agresiva como si de un interrogador especializado se tratase.

– Por supuesto, no es nada importante, Rose.

Y por fín sucedió, la expresión de Rose cambió mostrando una gran sonrisa a la par que una mirada terrible con la que parecía que le atravesase el cuerpo, y comenzó a preguntarle, primero despació y según pasaba el tiempo de forma más acelerada y abusiva. Kuso intentó futilmente desviar la conversación, huir, acallar las preguntas y tantas otras cosas como se le ocurrían para evitar decir la verdad, pero finalmente no pudo más y se rindió a lo evidente confesando toda la verdad, a la vez que pedía perdon a todos incluido a Hitomaru.

La historia no tenía sentido, pero los interrogatorios de Rose siempre daban resultado sobre Kuso, así que debía ser cierta. No podían creer que Hitomaru se fuese con unos demonios, y considerando que era demasiado peligroso para él decidieron que debían acompañarle, al menos algunos de ellos, así que comenzaron a organizarse.

Tras pensarlo detenidamente llegaron a la conclusión de que los más adecuados para perseguirle erán Bell, la que más posibilidades tenía de traerle de vuelta, Kuso, que se sentía en la obligación de pedirle perdón y que era el más fuerte, y Roger que como autoproclamado lider se sentía en el deber de velar por la seguridad de sus compañeros y de paso mantener su orgullo en un pedestal. Los demás debían hacer lo posible para que sus padres no se preocupasen demasiado al menos durante unos días. Cogieron unos sargos, una especie de lobo amaestrado de gran tamaño, para montar y poder ir más rápido, unos cuantos alimentos y bebida para el camino y armas para protegerse.

Así pues los tres comenzaron su viaje en busca de Hitomaru.

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Tras un pequeño descanso, Hitomaru y sus acompañantes se preparaban para seguir su camino. Sin embargo, cuando estaban terminando los preparativos alguien empezó a acercarse. Los pasos eran fuertes el sonido atronador y tras unos segundos de espera apareció el causante, era un ogro. Cargado con un gran mazo, el ogro se avalanzó hacia Hitomaru como una bestia hambrienta y no era para menos pues ahora él se había convertido en su presa, en su próxima comida.

CAPÍTULO 7: EL OGRO

La criatura avanzaba hacia su presa. De unos cuatro metros de altura y cargado con un gran mazo de madera e hierro, la enorme criatura tenía un aspecto amenazador. Su piel carcomida, por el tiempo y la falta de higiene, estaba llena de cicatrices y heridas de diversos tamaños, mientras de su cabeza crecía una larga melena de cabellos oscuros enredados entre sí y llenos de mugre y suciedad. Su cuerpo apenas estaba cubierto por un taparrabos y un pequeño chaleco cuya tela bien podría haber sido antaño la piel de otras tantas de sus víctimas. Sus pies descalzos eran desproporcionalmente grandes y se notaba la falta de algún dedo, seguramente perdido durante una pugna contra otros de su especie. El enorme mazo cuya cabeza estaba ya muy deteriorada, mostraba sin embargo un mango bastante nuevo en su comparación, seguramente sustituido tras romperse el anterior.
El ogro se mostraba hambriento y su presencia hacía temblar toda la cavidad de la cueva.

La gigantesca criatura lanzó su ataque contra sus presas y golpeó con el martillo, pero el ataque de nada le sirvió ya que los rápidos reflejos de su comida les alejaban del peligro. Shissuss había agarrado a Hitomaru antes de esquivar el ataque, pero no parecía interesado en derrotar al ogro aún.

– Usa el martillo – le dijo Shissuss

¿El martillo? ¿A que se refería?, los pensamientos de Hitomaru no encontraban lógica ninguna. El mazo del ogro mediría por lo menos tres metros y el suyo apenas servía para clavar puntas en una tabla de madera, por no hablar de la diferencia de fuerza entre ellos. Hitomaru ignoró a Shissuss e intentó huir del ogro tan buenamente como pudo.

Verle correr era lo que Shissuss menos deseaba, era una vergüenza para su familia, pero al fin y al cabo aún no sabía nada sobre los nuevos poderes de ese martillo. Así pues Shissuss le pidió a sus compañeros que entretuvieran al ogro mientras él se encargaba de Hitomaru.

– ¡Hitomaru! – gritó el demonio – No puedes seguir huyendo, debes combatir y ese martillo es tu mejor arma si aprendes a utilizarlo.
– Es imposible – respondió Hitomaru mientras el miedo a ser devorado le hacía seguir corriendo -, su mazo es diez veces mayor que este ridículo martillo, con la espada tendría más posibilidades, y aún así seguirían siendo ninguna.
– Debes golpear el martillo contra un objeto metálico, como tu escudo.
– ¿Pretendes que llame su atención para que me coma a mí?
– ¡Tú hazlo! – Shissuss se mostraba amenazador, más incluso que el ogro.

Hitomaru se giró y sin ninguna esperanza se dispuso a golpear su escudo con el martillo, cuando de pronto, el ogro lanzó una piedra hacía los demonios que tras esquivarla la pusieron sin quererlo en la trayectoria de Hitomaru. La piedra cayó a pocos metros de él, lo justo para no herirle pero lo suficiente para desarmarle y tirarle al suelo, con el correspondiente sonido que provocaron tanto el escudo como el martillo al chocar con la piedra. El ogro le vio y tras un certero golpe apartó a los dos demonios que le cortaban el paso para lanzarse a por su primera presa de la noche.

La alegría del ogro no duró mucho, Shissuss detuvo su ataque con una facilidad asombrosa justo antes de que agarrase a su protegido. Las manos de Shissuss mantenían al ogro aprisionado bajo una fuerte y poderosa llave, mientras apuntaba a su cuello. El ogro paralizado por tan fortuito ataque intentaba soltarse sin éxito.

– Hitomaru – dijo Shissuss -, coge el martillo y el escudo y prepárate para golpearlos cuando te lo ordene.
– S… si… – respondió, aún aturdido por el golpe y sorprendido por la fuerza de su compañero de viaje

Hitomaru agarró las herramientas y se colocó frente al ogro. En ese momento Shissuss soltó al monstruo que se dispuso a recuperar su mazo.

– Preparate – le advirtió Shissuss – golpea justo cuando alce su mazo, y ¡no falles!

Hitomaru se mostraba decidido a no fallar, la fuerza y habilidad de Shissuss le habían convencido de que debía confiar en él. El ogro agarró su mazo, se dispuso a alzarlo, pero en ese instante una extraña linea surcó su brazo.

La sangre empezó a saltar por todos lados mientras el brazo del ogro caía junto con su arma. La bestia se echó su mano al gigantesco y limpio corte que acababa de recibir, mientras se giraba en busca de su atacante, solo para encontrarse con que una especie de cuchillo se había clavado debajo de su barbilla. A continuación una cadena que estaba unida al cuchillo se tensó hasta que logró tirar del mismo para atravesar así la cabeza del ogro. El ogro cayó al suelo ausente ya de todo signo de vida.

Shissuss se mostraba preocupado, ¿quién era el causante de esto? y lo más importante que se cuestionaba era el porqué no había percibido antes su presencia. Tras buscar por toda la caverna finalmente le encontró. Era una figura del tamaño y proporciones de un humano, cubierto hasta los ojos con una ropa similar a la de los que atacaron la casa de Hitomaru.

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El ogro cayó, la misión había sido completada. Como siempre el resultado era un éxito para el habilidoso Hanzo, uno de los mejores asesinos de la Sociedad de la Luna. Sin embargo, el individuo que había tumbado al ogro hacía un momento parecía extremadamente fuerte, demasiado para ser un humano normal, Hanzo no tenía dudas al respecto, se trataba de un demonio.

– Uno, dos, tres – contaba Hanzo -. Tres demonios y… ¿un chico humano? Un momento.

Hanzo había visto la cara del muchacho antes, fue durante la entrega de misiones por parte del consejo. En aquella ocasión, Hanzo se había adelantado para poder observar los objetivos de sus compañeros, y la cara del muchacho aparecía como uno de los objetivos a eliminar. Su verdugo debería haber sido Del-Krin, pero seguramente la aparición de demonios le hizo abandonarla. – Cobarde – pensó Hanzo, ya que a él no le asustaba tener que enfrentarse a unos demonios, es más, si lograba derrotarles podría ascender rápidamente en la organización.

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La Sociedad de la Luna. No cabía duda de que ese personaje debía de ser un miembro de la organización de asesinos. Shissuss estaba ligeramente aliviado, el humano no debería tener posibilidades contra ellos, pero el hecho de que les encontrasen tan rápido podría ser un inconveniente. Shissuss sabía que lo más seguro era que ese asesino persiguiese al ogro, pero ¿y si no fuese así?

En ese momento el asesino alzó su brazo y lanzó su arma sobre la caverna formando una especie de hoz. Shissuss no podía creerlo, intentaba sepultarles vivos cortando las estalactitas sobre ellos. No había tiempo que perder, agarró a Hitomaru y junto con los otros dos demonios corrieron hacia el lago mientras las columnas de piedra caían tras ellos. Sin perder tiempo, el tercer demonio, Balsar, pronunció una frase en una extraña lengua apuntando con sus manos al centro del lago, del que no tardo en surgir una superficie plana similar a una barca, pero de piedra. Los tres demonios se lanzaron sobre la roca, cuando varias figuras aparecieron por la entrada de la cueva.

– ¡No es posible! – la sorpresa de Hitomaru era mayúscula

CAPÍTULO 8: SALIDA DEL ESTÓMAGO

Los sargos avanzaban veloces atravesando los campos, junto a sus jóvenes jinetes. Gracias a su gran olfato podían seguir cualquier rastro y eso era lo que hacían seguir el rastro de Hitomaru.

En la lejanía se alcanzaba a ver el final de los campos de los que se encargaba la aldea, y después los bosques. Los sargos no tardaron en frenar su avance hasta detenerse frente a la conocida como “la Boca del Diablo”, una gruta de aspecto amenazador que era conocida en toda la región. Sin embargo había algo extraño, la tierra de los alrededores parecía machacada hacía poco, como si un gigante hubiese atravesado la zona y acabase entrando en la cueva. De repente oyeron un golpe que procedía de la gruta.

– ¿Habéis oído eso? – Kuso se mostraba bastante asustado – Creo que deberíamos alejarnos cuanto antes…
– Que raro que tengas miedo – afirmó Roger -, pero no tienes de que temer para eso estoy yo aquí, para encargarme de vuestra protección como vuestro líder que soy.
– Si tantas ganas tienes ¿por qué no entras tú primero? – le increpó Bell

Roger cambió su cara pensando en como responder sin parecer un cobarde, pero Bell se adelantó.

– Lo mejor será que entremos todos a la vez.
– Pe… pero y ¿s…si hay algo ahí?
– Si hay algo ahí, Hitomaru podría estar en peligro, porque el rastro ha llevado a los sargos hasta aquí.

Tras aceptar sus argumentos entraron, Roger el primero para intentar mantener su liderazgo y que nadie viese su cara de miedo, y tras él Bell y Kuso, que era vigilado por su compañera para evitar que saliese huyendo por el miedo.

Los golpes se sucedían uno tras otro, más fuertes según se acercaban, hasta que dejaron de oír nada a pocos metros de la caverna conocida como “el Estómago del Diablo”. Parecía que lo que fuese que estuviese ocurriendo dentro había terminado, pero en ese instante se empezó a escuchar un gran estruendo como si la cueva se estuviese hundiendo sobre si misma. Los tres aceleraron su avance hasta llegar al Estómago. No podían creer lo que veían sus ojos. Decenas de estalactitas caían al suelo como persiguiendo a otros cuatro personajes, y uno de ellos era Hitomaru.

—————————

Hitomaru no se lo creía, tres de sus amigos estaban a la entrada de la caverna montados sobre unos sargos. Ya sobre la balsa de piedra, Balsar creó un escudo mágico sobre ellos para frenar y pulverizar las piedras que caían.

– ¡Bell! – gritó Hitomaru
– Debemos marcharnos ya – insistió Shissuss, mientras preparaba un conjuro
– No nos iremos sin ellos – Hitomaru señaló a sus amigos -, si tú no les vas a ayudar, lo haré yo.

Hitomaru se dispuso a saltar de la balsa, pero Shissuss le agarró antes de que lo lograse. No sabía que hacer, Hitomaru estaba dispuesto a volver a intentarlo, así que Shissuss decidió llevarles con ellos. Shissuss ordenó a Reptus que les trajese mientras él se encargaba del asesino. Rápidamente Reptus alcanzó a los tres compañeros y les agarró mientras volvía a la balsa. Mientras tanto Shissuss comenzó a atacar al asesino alejando su mirada de Hitomaru; golpe tras golpe todos los ataques eran esquivados por el demonio aunque también sucedía lo mismo con el cazador que seguía lanzando rocas sobre el escudo de sus presas. Reptus alcanzó finalmente la balsa y los sargos le siguieron después. Cuando se aseguró de que estaban todos a salvo Shissuss dio un fuerte golpe al asesino con el que le lanzó contra la pared, y aprovechándolo volvió a la balsa mientras recitaba un conjuro. Al terminarle y ya dentro del escudo de Balsar una burbuja les cubrió a todos y la balsa se hundió en el lago.

—————————

El golpe había sido brutal, y Hanzo perdió toda posibilidad de contraatacar. Sin poder hacer nada vio como su nuevo objetivo se hundía en el lago de la gruta, había logrado escapar. Hanzo bajó al suelo, arrancó una parte del cuerpo del ogro, suficiente para poder confirmar su éxito en la organización, y se marchó.

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